Abril 2026 - Flipbook - Page 17
Revista cultural año 2026
ARTE, CENSURA Y PODER
José Fernández Álvarez
(JotaEfeA)
pósito de … ¡Esa Cruz!
EL JUICIO, de Luis Zueco
Luis Zueco confirma con esta novela su habilidad para convertir episodios poco
conocidos de la historia en relatos de gran eficacia narrativa.
Con EL JUICIO, Luis Zueco demuestra una vez más su capacidad para combinar el
rigor histórico con el pulso del relato de intriga.
La novela se sitúa en la mejor tradición de la novela histórica contemporánea
española, donde la documentación rigurosa se pone al servicio de una trama ágil.
Al fin y al cabo, la historia de Francisco de Goya recuerda que el arte, cuando es
verdaderamente libre, siempre incomoda a los poderes de su tiempo.
Goya estaría sordo, pero no estaba ni ciego ni manco. Al contrario, estos otros
sentidos —el de la vista para discernir y el del tacto para manejar los pinceles y plasmar en
el lienzo o en el cobre la sociedad que contemplaba—, se potenciaron en su brillante
cerebro de artista, pero también de persona de su tiempo, la consabida neuroplasticidad.
Y con sus pinceles en la mano, con su ilustrada visión de la deshumanización de la
sociedad, con su hastío ante la latente ignorancia en que se encontraba esa sociedad en la
que se desenvolvía, en la que vivía, en la que pintaba para vivir y vivía pintando, se revela
con tintes de crítica y muestra su afer más revolucionario denunciando con grotescos
trazos los desmanes que se perpetraban en aquellos convulsos años de finales del siglo
XVIII que habrían de desembocar en los desdichados acontecimientos de 1808, ya en los
albores del XIX: la desigualdad social, el atraso intelectual, la ignorancia como la culpable
de todo, los abusos del clero, la hipocresía de la nobleza, las supersticiones, la corrupción
moral, la prostitución y también los concertados matrimonios con mucha diferencia de
edad.
Todo ello concibió pintarlo y plasmarlo en un libro, en un volumen que habría de
ser el detonador que removería su hasta entonces acomodada labor como retratista de la
élite de la sociedad que podía permitírselo, como pintor de frescos en ermitas o capillas y
especialmente como pintor de cámara de Carlos IV. Aquel volumen que tituló Los
17