Agosto - Flipbook - Page 18
Revista cultural año 2026 Núm. 39
Antonio Fernández Álvarez
(Escribidor de sueños)
RELATO
El manifiesto
de los huérfanos
David era un joven escritor que vivía en una habitación alquilada que olía a café
recalentado y a la humedad de los libros viejos. Su mundo eran cajas de zapatos llenas de
manuscritos que ninguna editorial se dignaba a abrir. Sin embargo, tras asistir a la
conferencia de un afamado escritor, algo prendió en él. Recogió notas históricas —fechas
olvidadas, anécdotas marginales, pequeñas grietas de la historia oficial— que el maestro
apenas había rozado, y con ellas tejió una novela corta, intensa y vibrante.
La obra le valió un premio provincial. No fue un Nobel, pero, para él, aquel diploma
de cartón y la placa de metacrilato que brillaba bajo la bombilla desnuda de su cuarto eran
la prueba de que su voz existía. Fue su primer sabor de gloria, aunque el premio apenas le
alcanzó para cubrir dos meses de alquiler atrasado y una cena decente.
La llamada del escritor famoso no se hizo esperar. Se citaron en un café privado, un
lugar de madera oscura donde el éxito se mide por el silencio. El veterano dejó la placa del
joven sobre la mesa con una sonrisa paternal que escondía un cálculo frío.
—Tienes una voz privilegiada, muchacho —dijo el famoso—. Pero el mundo es
sordo. Con tu nombre, este premio es el techo de tu carrera. Con el mío, tus palabras
podrían ser ley.
El famoso le ofreció una tabla de salvación: un sueldo mensual generoso que le
permitiría abandonar sus trabajos precarios y dedicarse únicamente a escribir. A cambio,
el joven debía firmar un contrato de confidencialidad absoluto. Sería un fantasma, un
motor silencioso. Escribiría para el maestro y jamás, bajo ninguna circunstancia, podría
reclamar la autoría de esas páginas.
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