Enero 26 - Flipbook - Page 10
Revista cultural año 2026
El abuelo lo miró con ternura.
— Veo que has entendido lo que muchos adultos aún no comprenden: que un libro no es
solo un montón de hojas. La esencia de un libro es lo que nos transmite, lo que nos enseña.
Estoy muy orgulloso de ti.
Entonces se levantó de su viejo sillón y, tomándolo de la mano, lo condujo al despacho —
así llamaban en casa a la biblioteca—. Siempre estaba cerrado con llave, y solo el abuelo
tenía una.
Cuando el metal giró en la cerradura, Jorge sintió que el corazón le golpeaba el pecho. La
puerta se abrió lentamente, y una ráfaga de aire cargado de polvo y papel antiguo salió a
su encuentro. Ese olor —mezcla de madera envejecida, tinta y tiempo— lo envolvió como
si fuera un abrazo.
Entró con pasos vacilantes. Sus ojos se agrandaron como platos: los lomos de miles de
libros se alzaban hasta casi tocar el techo, brillando con colores apagados por los años. El
silencio era tan profundo que parecía que las páginas dormidas aguardaban a ser
despertadas por él. Incluso creyó escuchar un leve crujido, como un murmullo de
bienvenida.
— Ve a aquella estantería del fondo —dijo el abuelo, señalando la pared izquierda—.
Puedes escoger cualquier libro de los dos estantes de abajo.
Las baldas inferiores estaban llenas de libros infantiles. Jorge se arrodilló y dejó que sus
dedos recorrieran los lomos, palpando sus texturas rugosas y suaves, como si estuviera
acariciando un tesoro escondido. Uno llamó su atención: Cuentos de Ibiza. Lo sacó con
cuidado, aspiró su aroma inconfundible y se lo mostró al abuelo con una sonrisa que
iluminó su rostro.
— Perfecto —dijo Pedro—. Estoy seguro de que te va a gustar.
— ¡Abuelo! Este verano vamos a ir a Ibiza con mis papás. ¿A lo mejor reconozco algún lugar
del cuento?
— ¡Genial! Seguro que podrás identificar los paisajes. Y cuando lo termines, me lo
devuelves. Entonces volveremos a entrar aquí y podrás elegir otro. Si tu pasión por la
lectura sigue creciendo como imagino, todo esto será tuyo algún día.
Jorge levantó la vista hacia las estanterías infinitas. Por un instante imaginó que cada libro
era una puerta secreta, y que él tenía la llave. Sonrió, pero enseguida se puso serio.
—Abuelo& yo quiero todos estos libros, quiero saborear su olor& pero no los deseo si tú
te vas a morir.
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