Febrero 26 - Flipbook - Page 10
Revista cultural año 2026
Este bando surtirá efectos desde el momento de su publicación. Por último, se espera la
colaboración activa de todas las personas, patriotas, amantes del orden y de la paz,
respecto de las instrucciones anteriormente expuestas. Por todo ello, termino con un
fuerte ¡Viva el Rey! ¡Viva por siempre España!».
En el despacho del Teniente Coronel D. Jaime Guerri Vaquer, situado en el mismo pasillo
donde se encontraba nuestra oficina, se reunieron sobre las 4 de la tarde el capitán Díaz y
el capitán Chamorro. El Teniente Coronel desconocía lo que iba a ocurrir, solo había sido
informado por la mañana en el despacho del Capitán General D. Jaime Milán del Bosch y
Ussía, junto con el coronel Ibáñez Inglés y otros tenientes generales, que iba a producirse
en Madrid un hecho importante. Aseverándoles Miláns del Bosch: «De este hecho S. M. el
Rey está al corriente. Lo aprueba y lo apoya, como me lo ha hecho saber el general
Armada, de cuya fidelidad a la Corona no tengo ninguna duda». (Esta última frase fue
publicada en prensa, yo no desmiento y afirmo).
En el despacho, con un pequeño aparato, un «Teleraset» —televisión, radio y casete,
aparato muy típico de la época donde se podía ver la televisión, escuchar la radio y poner
cintas de casete—, seguían la emisión de TVE del Congreso de los Diputados, la investidura
de Calvo Sotelo. Cuando el teniente coronel Tejero entra junto con los guardias civiles a su
mando en el Congreso y se produce el hecho más lamentable de nuestra joven democracia.
Mi capitán, el capitán Chamorro, vuelve a nuestra oficina y me ordena marcar el número
de su casa para llamar a su mujer. Le pongo en comunicación y este la tranquiliza por los
acontecimientos acaecidos en Madrid.
El temor ante los acontecimientos que se estaban produciendo en nuestro país, y nosotros,
reclutas por un servicio militar que era obligatorio, nos tenía «acojonados». Además,
empezamos a recibir llamadas al teléfono de la oficina de nuestros padres, que, habiendo
conocido y de cerca los estragos de la Guerra Civil Española, el miedo que tenían ellos en
el cuerpo, aunque sin quererlo, nos lo transmitían. Lo que hacía que fuéramos nosotros
los que les animábamos a que no tuvieran miedo. Estábamos en la oficina y difícilmente
aquello podría triunfar, y mucho habría de pasar para que nuestra compañía fuese llamada
al frente. Pero cuando bajamos a la Compañía de Destinos a merendar o cenar, la actividad
frenética, la tensión, la incertidumbre en los pasillos, los Cabos hasta con la pistola
reglamentaria en el cinturón, no hacía presagiar un final feliz. Cierto es que yo, aunque era
Cabo, al estar en la oficina de Estado Mayor, no tenía obligación de llevarla. Un plus de
tranquilidad en una larga noche en la que pasadas las 1:30 de la madrugada pudimos irnos
a dormir o hacer como que dormíamos.
Poco pudimos dormir la noche del 23, pues en el Congreso los asaltantes ahí seguían. La
noche del 24 cuando en Madrid todo había acabado. Habían abandonado el Congreso y
detenido al teniente coronel Tejero y otros mandos, así como a don Jaime Milán del Bosch
y Ussía que había viajado en helicóptero hasta Madrid. En los corrillos que se formaban en
Capitanía hablaban de una compañía del Mando de Operación Especiales dispuesta a
asaltar Capitanía si seguía enquistada en continuar el golpe. La llegada de madrugada a
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