Febrero 26 - Flipbook - Page 29
Revista cultural año 2026
El arte de amar
Isabel Natalia García Ruiz
(Natalia García)
No hay expresión más tierna y dulce que la de «besito de pingüino», aunque seguramente
muchos también la conozcáis como el «besito de esquimal». La tengo resonando en mi
cabeza como una parte de la infancia y como un gesto de cariño; al fin y al cabo, ¿qué gesto
hay tan bonito como hacer que las narices de dos personas se junten suavemente?
Como ya os podéis imaginar por las fechas en las que estamos, hoy os vengo a hablar del
amor. Pero no del amor pasional, fugaz y comercial que nos trae el día de San Valentín —
en el que muchas parejas salen a cenar a restaurantes y se regalan rosas—, sino de ese
amor que, en el día a día, a menudo olvida su «besito de pingüino».
A pesar de haber mencionado tanto esta expresión, todavía no he explicado de dónde
proviene. No hay que ser un genio para imaginarlo: como muchas otras cosas en la vida,
nos lo han enseñado los animales. En concreto, ese animal tan bien trajeado y elegante
que es el pingüino, cuyos ejemplares rozan sus picos como muestra de afecto.
El pingüino nos enseña un amor fiel y una cercanía emocional basada en la creación de
vínculos:
Monogamia y lealtad: Este animal es monógamo y se mantiene fiel a su pareja. Si
ambos sobreviven al año siguiente, vuelven a elegirse para la crianza.
Cooperación: Se turnan para incubar, alimentarse y cuidar de la cría.
Regalos simbólicos: El macho, como muestra de interés y compromiso, le regala a
la hembra una piedra. Si ella la acepta, es la señal de que acepta a la pareja.
Además, esa misma piedra se utiliza después para construir el nido.
Más allá de parecer un documental sobre la vida animal, cabe preguntarse si esto no es
mucho más romántico que San Valentín. Me diréis que una rosa es más bonita que una
piedra pero, sinceramente, la piedra cuenta con un punto a su favor: no se marchita. Me
parece mucho más simbólico regalar algo que represente un amor verdadero y duradero,
y no una flor que en una semana estará lista para el compost. Quizá, pensándolo bien, la
rosa sea la flor más adecuada para representar el San Valentín comercial y consumista que
la publicidad nos impulsa a celebrar.
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