Febrero 26 - Flipbook - Page 36
Revista cultural año 2026
SAN VALENTÍN
M
Miguel Ángel Moral Quero
Donde el amor aprende a perdurar
Febrero llega siempre con un rumor antiguo. No es solo el mes más breve del año; es el
mes en que el calendario parece latir. El invierno aún no se ha ido del todo, pero la luz
comienza a insinuarse, tímida, como una promesa. En medio de ese umbral entre el frío y
la esperanza, el 14 de febrero se alza como una fecha cargada de símbolos: San Valentín,
nombre que ha atravesado los siglos como un susurro persistente.
Ese día, el mundo se llena de gestos que buscan decir lo indecible. Flores que hablan sin
voz, cartas que tiemblan en las manos, silencios compartidos que valen más que cualquier
palabra. Para algunos, es una celebración íntima; para otros, un ruido impuesto. Pero, más
allá del juicio, San Valentín sigue ahí, sobreviviendo al tiempo como lo hacen las historias
que tocan algo esencial del ser humano.
Porque San Valentín no nació en los escaparates. Nació en el conflicto, en la desobediencia,
en la convicción de que amar también es un acto de resistencia. En la Roma del siglo III, el
amor no era una prioridad. El Imperio exigía cuerpos fuertes, espadas firmes y corazones
sin ataduras. Claudio II gobernaba con la lógica implacable de la guerra, convencido de que
un soldado sin familia era un soldado más útil.
Prohibió el matrimonio entre los jóvenes, como quien arranca una raíz para que el árbol
no se incline. Creyó que podía legislar el afecto, domesticar el deseo, ordenar el corazón
como se ordenan las legiones. Y entonces apareció Valentín.
Sacerdote cristiano, sí, pero ante todo hombre convencido de que el amor no admite
decretos. En la penumbra de las casas, lejos de la mirada del poder, unía a los enamorados.
No hacía ruido. No proclamaba rebeliones. Simplemente bendecía aquello que ya estaba
vivo. Por eso lo encarcelaron. Y por eso lo mataron.
El 14 de febrero del año 269, Valentín murió, pero su gesto quedó suspendido en el aire,
como quedan las semillas que nadie ve germinar. A veces la historia no recuerda a los que
conquistan, sino a los que aman a contracorriente. La muerte no fue suficiente para
silenciarlo. Al contrario, fue entonces cuando comenzó el mito.
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