Febrero 26 - Flipbook - Page 5
Revista cultural año 2026
La Valencia de entonces no se parece, o al menos no la he podido recordar, en mi reciente
visita. El edificio de Capitanía General, cerrado a cal y canto, no presenta el aspecto de vida
que tenía, no solo por los mandos que allí trabajaban, sino por los soldados que, reemplazo
a reemplazo, pasábamos allí los meses que aún nos restaban tras la jura de bandera hasta
cubrir los quince del periodo militar. Las estrechas calles, donde abundaban los bares que
todas las tardes, cuando salíamos a pasear, nos tomábamos unas cervezas, no he sido
capaz de identificarlas.
Recuerdo que apenas bebía, por lo que degustaba —a mí me lo parecía— la cerveza WolDamm, una cerveza en la que su doble cantidad de malta le confiere el doble de fuerza, el
doble de sabor y doble de cuerpo. Ahí también degusté por primera vez el
pacharán. Recuerdo que un día debí pasarme en demasía, yo que estaba poco
acostumbrado a beber, y su alto volumen alcohólico y lo bien que entraba. Lo cierto es que
de esa tarde-noche solo recuerdo el caerme de la tercera litera, que era donde yo dormía,
ya que la primera siempre era en la que todos se sentaban o incluso se tumbaban. La
segunda era pisoteada por el de arriba si se subía a tumbarse un rato hasta con las botas,
por lo que elegí esa que supuestamente no sería utilizada nada más que por mí. El miedo
de mis compañeros quedó reflejado durante días en sus caras, y su preocupación por mi
estado era más que evidente. Ciertamente, algo tendría que ver que mi comportamiento
para con ellos nunca fue de superior, sino de camaradería. He de decir que me sentía
querido y respetado.
Como decía el artículo quinto del cabo: «El cabo, como jefe más inmediato del soldado,
debe ser querido y respetado por él. Debe no disimular jamás las faltas de subordinación,
infundir amor al oficio y exactitud en el cumplimiento de sus obligaciones, ser firme en el
mando, y ser comedido en sus palabras, incluso cuando reprenda».
En la foto se aprecia el claustro del antiguo Convento de Santo Domingo de los Dominicos,
donde se hallaba ubicada en esa época Capitanía General de Valencia. El edificio es de
estilo gótico valenciano y barroco, fundado en 1239. En él se halla la Capilla de San Vicente
Ferrer, patrón de Valencia, y que un día tuve la oportunidad de ver ya que me ordenaron
que llevase a los arrestados que había ese día a ese sagrado lugar para que estos la
limpiasen, pues al día siguiente se celebraría allí una misa con motivo del día del Santo
Patrón. El claustro era un lugar de paso a donde estaban las oficinas de la Primera Sección
de Estado Mayor, donde me pasé la milicia como administrativo.
A cargo de esta sección estaba el capitán Chamorro, un hombre que nunca vestía de
militar, siempre iba de paisano, solo aquella mañana del 25 de febrero tras el fallido golpe
de Estado. En la madrugada del 25, el capitán general Antonio Palmarés, procedente de la
IV Región Militar con sede en Zaragoza, se presentó en Capitanía General de Valencia y
haría su presentación oficial como Capitán General de la III Región Militar, que era
Valencia. Entonces le vimos con su traje de gala de capitán, distintas condecoraciones que
no sabría enumerar y una banda cruzada con distintivo de diplomado de Estado Mayor. El
trato con nosotros, sus subordinados, soldados de reemplazo, era cordial y afable, hasta
el punto que algo tendría que ver que siempre todos los que eran asignados a su oficina
solían ser los que mejor desarrollaban el trabajo. Eso suponía que él cumplía su trabajo
4