Julio - Flipbook - Page 22
Revista cultural año 2026 Núm. 38
puntos de vista. No digo yo que He vencido al mundo sea una novela de amor, desde luego
no en el sentido convencional de ciertas tradiciones románticas. Pero sí es una novela escrita
con mucho, mucho amor y, quizá, desde una fe profunda y renovada. Hay mucho amor en
los protagonistas: Jesús de Nazaret (en latín Iesus, íµ ו햼ç אen hebreo), que por amor se entrega;
María, su madre, ejemplo de valentía, una Madre que no teme hacer sacrificios por su hijo,
con un amor que no titubeó al aceptar su misión; los apóstoles, humanos en su temor; María
de Magdala, la Magdalena, y otros.
Paralelamente hay que considerar a otros protagonistas de los hechos novelados.
Algunos escribas actuaron desde el temor a perder su posición; el prefecto Poncio Pilato
temía por su puesto ante Roma. La envidia, la incredulidad, los celos, la hipocresía, el
orgullo y la falta de amor movieron a determinados antagonistas a actuar según describen
las escrituras y como poéticamente describe y recrea el autor. No digo yo que la novela sea
la verdad absoluta sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo & o quizá sí, en términos
literarios. Lo cierto es que Christian Gálvez propone un giro inesperado 4acaso
intencionadamente desde el principio4 que busca redimir, en cierta medida, la figura de
aquel discípulo sedicioso que se dio a la traición.
En otro momento, el autor orquesta con verosimilitud un giro narrativo que replantea
el papel del icónico Judas, alejándolo del trazo unívoco para dotarlo de una dimensión más
compleja. El apóstol traidor camina por la senda de la felonía guiado, & ¿por amor? No
digo yo, ni lo afirma el autor que Judas no cometiera traición. La pregunta 4que se la hace
incluso el mismo apóstol4 es otra: ¿por qué? El beneficio económico quizá no fuera la
única causa frente a dilemas de mayor calado emocional y moral.
Parece obvio afirmar que esta obra busca acercar el mensaje cristiano al lector
contemporáneo. El autor plantea el libro con un recorrido por los valores, enseñanzas y
episodios clave de la vida de Jesús desde una mirada personal que mezcla divulgación,
espiritualidad y reflexión. No digo yo con ello que pretenda dogmatizar; sin embargo, la
obra se convierte en el vehículo mediante el cual, tras una extensa investigación y
documentación, desarrolla sus teorías sobre la traición de Judas Iscariote.
La fe en esta novela no se impone, sino que se descubre en los márgenes de la duda.
La fe no evita el sufrimiento, lo atraviesa y provoca una grieta por la que entra la luz y la
espada que causa dolor físico y real. La fe de un centurión es ciega, como la justicia, pero
también ha contemplado el bien que el Hijo del Hombre ha traído. No digo que todos los
protagonistas actúen con fe cristiana, pero aquello que les movía era, sin duda, auténtica fe:
en sí mismos o incluso en el papel que la historia o el devenir de los acontecimientos les
otorgara. Judas, entonces, se convierte en un personaje trágico; no se retrata la traición como
un gesto frío, sino como un derrumbe interior: un hombre que ama se rompe y llega a
suplicar