Julio - Flipbook - Page 29
Revista cultural año 2026 Núm. 38
Cuando la joven intenta encontrar su piel para volver al océano, descubre que ha
desaparecido. Sin ella, queda atrapada en su forma humana, pues la piel es la fuente de su
transformación.
Existen varias versiones sobre lo que sucede después. En una de ellas, cuando el
pescador le propone matrimonio pasado un tiempo, la muchacha acepta. En otra, quizá la
más creíble, la pobre mujer simplemente no tiene otra opción.
La vida del matrimonio parece transcurrir con normalidad. Sin embargo, la selkie
nunca deja de añorar su hogar. Pasa largas horas contemplando las olas y caminando sola
por la orilla, incapaz de olvidar el océano al que pertenece.
Pero una selkie conoce bien el camino de vuelta a casa. Con el tiempo, encuentra un
viejo baúl oculto en un rincón de la vivienda. Allí, escondida durante años, permanece su
piel de foca. En cuanto la toca, recuerda quién es realmente y dónde está su verdadero hogar.
Entonces corre hacia el mar, se envuelve de nuevo en su piel y recupera su forma de foca.
Algunas versiones cuentan que tuvo hijos y que, desde entonces, continúa
visitándolos desde la distancia, observándolos desde el agua o descansando sobre una roca
en su forma animal. Otras afirman que son los propios hijos quienes aseguran ver, en las
noches de tormenta, la figura de una mujer entre las olas.
Existe también una curiosa creencia según la cual algunas familias de las Orcadas y
las Shetland descendían de selkies. Esta idea surgía a partir de ciertas características físicas,
como tener los dedos ligeramente unidos por una fina membrana.
Y, finalmente, en honor a ese sentimiento tan humano de añorar el lugar al que
realmente pertenecemos, encontraréis el dibujo de este mes. Representa a una foca rodeada
de clavelina de mar, una flor que crece allí donde termina la tierra y comienza el océano.
Igual que una selkie, que vive para siempre entre dos mundos.
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