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Revista cultural año 2026 Núm. 38
ánimo, activar la memoria y mediar en nuestras emociones y comportamientos diarios. En
el ámbito de la psicología, la música es muy importante, ya que se puede aplicar para ayudar
a pacientes que padecen trastornos en sus estructuras cerebrales relacionados con las
emociones. A las personas con autismo les es más fácil comunicarse a través de la música,
y hay pacientes con afasia que no pueden hablar, pero sí cantar.
Hay sociedades sin escritura, pero ninguna sin música. Somos, de forma innata,
criaturas musicales. Y hay una buena razón para ello: nos permite desempeñar funciones
sociales. Cuando nacemos no sabemos qué significan la gran cantidad de términos, pero
aprendemos a hablar al escuchar los sonidos musicales del lenguaje.
Al escuchar música se activan las áreas del cerebro que se encargan de la imitación
y la empatía, donde están las neuronas espejo, que actúan reflejando las acciones e
intenciones de los otros como si fueran propias. De esta forma, podemos sentir el dolor de
los demás, su alegría, su tristeza& Nos permite compartir sentimientos y emociones.
La música puede comunicar información. Une a las personas, es social; este es uno
de los grandes poderes de la música. No podríamos haber sobrevivido a lo largo de la
evolución sin cooperar ni comunicarnos, es decir, sin haber manifestado un comportamiento
social con otros individuos. La música hace que nos gustemos más, que estemos más unidos,
que confiemos, porque es una herramienta transformadora para la autoestima y la seguridad
personal. Al aprender a componer o a tocar un instrumento, se fomenta una autoexpresión
saludable. Además, participar en grupos musicales ayuda a desarrollar habilidades sociales
y la confianza en uno mismo al colaborar con otros.
La música, al permitir que afloren nuestras emociones, es un buen vehículo para
mejorar nuestro autoconocimiento y el de los demás.
«La música es el refugio del alma usada por la dicha». (Cioran)
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