Marzo - Flipbook - Page 13
Revista cultural año 2026
Pero, como todo tiene un lado bueno, ya nunca más me bajaron al sótano. En los días que
recibían a sus amigos, me daban mi medicación y rápidamente me dormía. A la mañana
siguiente solía dolerme la cabeza, pero el despertarme en mi cama era una sensación muy
agradable y no llegué a echarte de menos, aunque no entendía por qué me habías
abandonado. Bueno, dormía y aún duermo abrazado a la almohada; eso me hacía recordar
a Nadia. ¿Acaso eres tú, Nadia? No te reconozco, ha pasado tanto tiempo.
Si es así, mira, ya no podrán hacerte daño. Hace un par de días me desperté; sentía un
fortísimo dolor de cabeza. Creo que se pasaron un poco con la medicación que me dieron
la noche anterior; iban a celebrar& Ah, no recuerdo bien qué, solo que iban a venir unos
nuevos amigos y no querían que yo les incordiara. ¿Por qué crees que era un incordio para
ellos? No, no me lo digas, ya no me importa.
Llevaba llorando más de una hora pero no me oían. Vine hasta su cuarto y ahí estaban,
inmóviles. No sé qué les ocurre; les llamo pero no me oyen. Tienen su nariz manchada con
ese polvo blanco que hay en las mesitas de noche. Lo he probado, pero tiene un sabor
amargo. Creo que solo se toma por la nariz; he inhalado una enorme cantidad de ese polvo.
No tengo miedo, ni hambre, ni sueño; en realidad me siento eufórico.
¡Nadia, te veo ahí en el espejo! ¿Cómo es que no me veo yo? Anda, deja, apártate, quiero
verme. ¡Nadia, haré que desaparezcas! ¡Fuera, fuera! ¿Por qué sigues aquí? He arrojado el
jarrón de las flores de mamá. El espejo se ha roto en mil pedazos; al menos déjame un
trozo donde yo pueda verme. ¿Nadia, Nadia, eres tú? No, no, no& ¡Horror! Soy yo, siempre
he sido yo. Acaso soy un monstruo.
Empezó a convulsionar; sentía que nada de lo que le ocurría era real. No podía controlar
su orina y se lo hizo encima. Su temperatura empezó a elevarse, así como su ritmo
cardíaco, que era anormal. La coloración de su piel tomaba un tono azul y, con su
respiración acelerada, la muerte le alcanzó pensando que le gustaría estar abrazado a
Nadia.
Dedicatoria:
A todos aquellos que, en el silencio de un sótano o en la soledad de una
habitación, tuvieron que inventar un amigo para no sentirse abandonados.
Que este relato sirva como voz para las infancias rotas por la indiferencia.
13