Marzo - Flipbook - Page 25
Revista cultural año 2026
San Rodrigo Mártir
M
Miguel Ángel Moral Quero
Memoria viva de una fe que no se rindió
Hay nombres que no pertenecen al pasado, sino a la conciencia de los pueblos.
Hay vidas que no se apagan con la muerte, sino que se transforman en raíces.
Hay ciudades que se reconocen en la sangre de sus propios mártires.
Cabra recuerda a Rodrigo, un sacerdote y testigo, desde hace mucho tiempo. Rodrigo es
hijo de esta tierra, que antes se llamaba Egabro. En aquel entonces, la cruz estaba
escondida y callada, mientras que la media luna era lo que se veía. Rodrigo sale de una
época muy difícil, como una pequeña llama que sigue encendida a pesar del viento que
trata de apagarla. Este viento es el de la intolerancia.
Vivió en una época en la que la gente no hablaba de su fe en voz alta en las plazas, sino
que lo hacía en voz baja. En ese tiempo, la gente memorizaba el Evangelio para no
olvidarlo. Las familias cristianas se reunían en sus casas para compartir el pan.
Rodrigo no fue un guerrero ni un líder de un ejército. No llevó a la gente a la batalla ni usó
una espada. Fue alguien que ayudó a las personas a crecer espiritualmente. Su lucha fue
dentro de sí mismo. Su victoria no se podía ver.
Había aprendido que la verdad no necesita alzar la voz para existir. Y así, con esa humildad
antigua, sostuvo la llama de Cristo entre muros ajenos y leyes extrañas, como quien
protege una vela en mitad de la noche.
Pero la historia no siempre llega desde fuera. A veces entra en casa.
La historia cuenta que hubo una pelea entre hermanos. Algunos creían en Cristo y otros
en el islam. Rodrigo intentó ayudar a resolver el problema, pero resultó herido. Cayó al
suelo y, mientras decía oraciones en latín, la gente que lo encontró pensó que estaba
renunciando a su fe musulmana. Creyeron que había dejado la religión en la que creció.
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