Marzo - Flipbook - Page 27
Revista cultural año 2026
Murió defendiendo lo que amaba.
Y por eso vive.
El patrón de Cabra no es algo que se determina por un decreto, sino que surge de una
conexión espiritual profunda. La gente expresa su devoción de manera sencilla, como en
retablos humildes, procesiones discretas y rezos que pasan de padres a hijos. Con el
tiempo, el nombre del patrón de Cabra se ha unido al corazón de la ciudad, como una raíz
que, aunque no se ve, es fundamental para sostener todo.
Cada trece de marzo, el invierno se va poco a poco y la primavera empieza a llegar. En ese
momento, Cabra dice su nombre de nuevo. No es solo recordar una fecha, es como renovar
una promesa. La promesa es no olvidar que hubo un tiempo en que tener fe podía costar
la vida. Había personas que pagaron ese precio sin odiar a nadie y sin luchar.
En la iconografía se le representa con la palma del martirio y la vestidura sacerdotal. Pero
hay otro símbolo invisible que lo define mejor: la firmeza tranquila de quien no negocia
con su conciencia.
Hoy, cuando el mundo cambia de fe con facilidad y la verdad se diluye en conveniencias,
San Rodrigo nos habla desde su siglo oscuro con una claridad nueva. Nos recuerda que hay
cosas que no se venden: la dignidad, la coherencia, la fidelidad al propio espíritu.
No fue mártir por buscar la muerte. Fue mártir porque no quiso traicionar la vida.
Su sangre no fue una protesta, fue un testimonio.
Su muerte no fue derrota, fue siembra.
Su memoria no es pasado, es advertencia.
Cabra no solo lo honra. Lo reconoce. Porque su nombre está escrito en el suelo antiguo.
Porque su historia es frontera entre el miedo y la fidelidad. Porque su martirio fue semilla
y su recuerdo, raíz.
San Rodrigo mártir, patrón de esta tierra, custodio de su identidad, voz silenciosa de un
siglo de sombras.
La gente todavía nos enseña que no apaguemos la luz. Y mientras haya una campana que
lo nombre, mientras un altar conserve su imagen, mientras un niño pregunte quién fue,
Rodrigo seguirá caminando por las calles de Cabra que no se ven; no como estatua, sino
como conciencia.
Porque hay santos que habitan en los altares y otros que habitan en la historia. Y San
Rodrigo, mártir y sacerdote, habita en ambas.
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