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Revista cultural año 2026
Don Sebastián de Andía y Cuéllar
Francisco Salamanca Moreno
Don Sebastián de Andía y Cuéllar era natural de Cabra. Nació el día 2 de febrero de 1624.
Era hijo del licenciado Diego de Andía y de D.ª Isabel Cuéllar. Contribuyó decisivamente a
la fundación del Hospital de Jesús Nazareno, en la Escuela de Cristo, y a la del convento de
Agustinas Recoletas. Murió el día 26 de junio de 1707 y fue sepultado en su capilla de la
iglesia de la Asunción.
El día 5 de febrero de 1737, D. Francisco José de Quesada y Cuéllar, vicario de Bujalance,
ante el escribano de aquella población Francisco Antonio Cerezo, dejó un olivar de cuatro
aranzadas en el término de Jarcas, en Cabra. Su importe se destinaría al pago de las misas
anuales y al gasto del aceite de una lámpara que debería arder constantemente en la
capilla del Cristo del Perdón de Cabra.
En el año 1750, D. Narciso García Montero describe la iglesia de la Asunción y habla de la
capilla del «Santísimo Cristo Crucificado del Perdón», cuyo patronato seguía en posesión
de los familiares de D. Sebastián de Andía y Cuéllar. García Montero ya no hace alusión a
las figuras de los dos ladrones, tal vez porque ya no quedara en la capilla más que el Cristo
actual.
A principios del año 1786 se construyó un retablo para dicha capilla, que debe de ser el
mismo que existía en el momento de la demolición de todas las capillas de esta banda de
la iglesia. A principios del presente siglo, la distribución de la capilla no había cambiado. D.
Nicolás Albornoz la cita en la descripción de la iglesia, situándola en el mismo lugar y
confirmando el nombre del fundador.
Los autores del tomo segundo del Catálogo artístico y monumental describen al Cristo
antes de su restauración en 1982. La anterior cruz carecía de título y tenía suppedaneum.
Según estos autores especializados, el Cristo era notable por su expresión y buena
encarnadura. Lo catalogan como una «típica plasmación del Cristo triunfante de la etapa
del Barroco o correspondiente al segundo tercio del siglo XVII».
Al comienzo de la procesión de la noche del Viernes Santo de 1981, se desprendió el brazo
derecho del Cristo, que hubo de ser sujeto provisionalmente para poder terminar el
recorrido. A principios del año 1982 se confió la restauración al escultor Miguel Arjona
Navarro, que aseguró el brazo y raspó toda la talla, dándole nueva encarnadura. Se
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