Mayo 2026 - Flipbook - Page 19
Revista cultural año 2026
Admiro su elegancia y su curiosidad cosmopolita, pero es esa ironía sutil la que
siento más cercana, porque me permite hablar de lo cotidiano, de las
contradicciones humanas y de la realidad que nos rodea sin caer en el juicio directo.
En mis textos, como en los suyos, intento que la palabra sea un espejo más que un
martillo, que invite al lector a reconocerse antes que a defenderse.
Pregunta.- Si tuvieras que esconder un manuscrito en un rincón de nuestro pueblo para
que fuera hallado dentro de cien años, ¿qué lugar elegirías para custodiar tus palabras?
Respuesta.- Lo escondería en un lugar donde el tiempo camina despacio, donde las
piedras han visto pasar más historias de las que pueden contarse. Elegiría un rincón
silencioso, quizá olvidado, donde no llegue el ruido pero sí la memoria. Un sitio que
no se muestre a simple vista, porque las palabras que merecen perdurar nunca se
entregan de inmediato.
Lo haría pensando en quien lo encuentre dentro de cien años: alguien que no solo
lo descubra, sino que lo sienta. Un lugar que obligue a detenerse, a mirar alrededor
antes de abrir el manuscrito, para que entienda que esas páginas no hablan solo de
un autor, sino de un pueblo entero respirando entre líneas. Sin duda en cualquier
rincón del Castillo de los Condes de Cabra.
Pregunta.- ¿Cuál es el motor que impulsa tu escritura? ¿Qué es aquello que te hizo
escritor por encima de todo lo demás?
Respuesta.- El motor de mi escritura es la necesidad. No escribo por elección,
escribo porque no hacerlo sería una forma de silencio que no me permito. Escribo
para ordenar lo que siento, para entender el mundo y, a veces, para soportarlo. La
palabra fue antes refugio que vocación, antes desahogo que oficio.
Lo que me hizo escritor por encima de todo lo demás fue descubrir que escribir me
salvaba. Que poner nombre a lo invisible aliviaba el peso de lo que no sabía expresar
de otra manera. Con el tiempo entendí que la escritura no era solo un acto íntimo,
sino una forma de tender puentes: conmigo mismo y con los demás. Desde
entonces, escribir dejó de ser una opción y se convirtió en una manera de estar en
el mundo.
Pregunta.- ¿Buscas el silencio ascético de la Sierra o prefieres el pálpito vital de la Plaza
de España para trabajar? Cuéntanos tu ritual.
Respuesta.- No soy de extremos. Necesito del silencio, pero también del latido. Hay
días en los que la Sierra me ofrece esa distancia necesaria para escucharme por
dentro, un silencio que no pesa, que ordena. Allí las ideas se posan con calma, como
si el paisaje las estuviera esperando.
Pero otras veces es la Plaza de España la que me escribe a mí. El murmullo, las voces
cruzadas, el paso de la gente& todo eso me recuerda que escribo sobre la vida y no
19