Mayo 2026 - Flipbook - Page 20
Revista cultural año 2026
al margen de ella. Mi ritual no es fijo: empieza siempre con observar, con dejar que
el lugar —sea la quietud o el bullicio— marque el ritmo. Luego llega el momento de
sentarme, casi sin pensar, y dejar que la palabra haga su trabajo.
Pregunta.- Cuando el lenguaje se muestra esquivo, ¿cómo consigues que la inspiración
vuelva a fluir?
Respuesta.- Cuando el lenguaje se me esconde, lo noto enseguida en el cuerpo. Me
pongo inquieto, releo demasiado, borro más de lo que escribo. En vez de luchar
contra eso, suelo parar. Me levanto, salgo, necesito aire. Muchas veces camino sin
rumbo, como si al mover los pies se desbloqueara algo por dentro.
También me ayuda volver a lo que soy: escuchar una música que me remueva, mirar
fotos antiguas, recordar a los míos, o simplemente sentarme en silencio y aceptar
que hoy no toca. He aprendido que la inspiración no siempre llega cuando la llamas,
sino cuando te muestras vulnerable. Y casi siempre vuelve cuando dejo de querer
escribir bien y me permito escribir de verdad.
Pregunta.- ¿Eres de los que prefieren el papel y la pluma o te seduce la pulcritud digital
del teclado?
Respuesta.- Siempre he sentido que el papel y la pluma me colocan en un lugar
distinto al del teclado. Cuando escribo a mano, algo se relaja. No hay prisa, no hay
correcciones inmediatas, no hay esa tentación de borrar lo que aún no ha tenido
tiempo de respirar. El trazo imperfecto, los tachones, incluso la letra torpe en
algunos momentos, forman parte del proceso. Es una escritura más física, más
íntima, casi como si el cuerpo también estuviera contando la historia. En el papel
no busco textos terminados, busco verdad.
El teclado llega después. Ahí aparece la conciencia del oficio. Es el espacio donde el
texto se ordena, se revisa y se hace legible para otros. Me seduce su pulcritud, sí,
pero sobre todo su capacidad para dar estructura a lo que nació de manera caótica.
El teclado no sustituye al papel: lo escucha. Es una segunda voz, más serena, que
dialoga con la primera.
No podría elegir uno solo. El papel me permite escribir sin miedo; el teclado me
enseña a respetar lo escrito. Entre ambos se mueve mi forma de trabajar, como un
equilibrio necesario entre impulso y pensamiento.
Pregunta.- ¿Cómo surgen sus nombres? ¿Has tomado prestado alguna vez el carácter de
algún vecino de Cabra para tus ficciones?
Respuesta.- Los nombres surgen de manera casi secreta. A veces vienen de un
sonido que se repite en mi memoria, de un recuerdo difuso de infancia, o de una
sensación que quiero que el personaje transmita. No son decisiones racionales: los
dejo aparecer, los pronuncio en silencio y, cuando suenan justos, sé que puedo
darles vida. Un nombre equivocado cambia todo, y lo sé desde siempre.
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