Mayo 2026 - Flipbook - Page 6
Revista cultural año 2026
La conversación fluyó con la naturalidad de los hallazgos afortunados. No solo me ayudó a
localizar el libro, sino que, entre anaqueles y recuerdos, surgió una hipótesis que me dejó
helado: la posibilidad de que su propia librería ocupe hoy el mismo espacio donde, por
merced del rey Carlos IV, estuvo ubicado el estanco que permitió a Ana María vivir sus
últimos días con la dignidad de un soldado veterano.
Aún me queda por confirmar este dato, pero la idea de estar pisando el mismo suelo donde
la «Hija del Mar» despachaba tabaco y sellos tras años de batallas navales le otorga a mi
búsqueda una dimensión casi mística. Iznájar me dio el pasado convulso de la República;
Montilla me regala ahora el rastro de una mujer que, mucho antes de que se hablara de
libertad en los diarios, ya la había conquistado por su cuenta.
La dueña de la librería, en un gesto de generosidad propio de quienes comparten una
pasión, decidió abrirme más puertas. Me remitió a un señor mayor, antiguo fotógrafo de
la ciudad, un hombre cuya mirada ha capturado durante décadas la esencia de Montilla.
Él, amante de la historia local y autor de su propio libro, es quien posee la llave para
confirmar si la librería es, efectivamente, el solar donde Ana María de Soto cerró sus días
tras servir a la Corona.
Pero mi interés no se agotaba en la heroína de Carlos IV. Al mencionarle mi inquietud por
los convulsos días de 1873, la librera me hizo un regalo inesperado y valiosísimo: un
ejemplar de Juan Díaz del Moral. Me entregó Historia de las agitaciones campesinas
andaluzas, una obra fundamental donde se recogen con detalle los llamados «Sucesos de
Montilla».
Al hojear el libro, comprendí que la elegancia de las bodegas y la fisonomía señorial de
Montilla esconden una cicatriz profunda. Mientras en Iznájar el cuaderno hablaba de una
traición política y de «radicales», Díaz del Moral describe algo mucho más visceral en la
Campiña: el estallido de un pueblo que ya no podía más. Aquella proclamación de la
República fue el interruptor que encendió la rabia contra una oligarquía que abusaba de
los humildes como si no tuvieran derechos.
Ahora, con el libro bajo el brazo y la dirección del viejo fotógrafo en mi agenda, Montilla
se despliega ante mí no solo como una ciudad de buen vino, sino como un escenario donde
la justicia y el hambre libraron su propia batalla.
6