Mayo 2026 - Flipbook - Page 87
Revista cultural año 2026
La Feria Invisible
Por Antonio Fernández Álvarez
(Crónica de un sueño en el Lekanaklub)
He soñado que estaba reunido en el Lekanaklub. Allí llegué encendido, con el alma herida
por la desidia. En el centro de la mesa, tres pequeñas efigies: de Muqddam Ibn Muafá AlQabrí (El vidente), de Muhammad Ibn Hammud Al-Qabrí Al-Makfuf (El ciego de Cabra) y
de Abu Bakr Muhammad Ibn Isa Ibn Abd Al-Malid Ibn Quzmán (El alegre).
En las paredes, fotos colgadas de los poetas egabrenses del Siglo de Oro: Ana de Córdoba
(1581–1596) y Jerónimo de Herrera (1588–1650?).
Don Luis Herrera Robles presidía la larga mesa. Junto a él, en el lado derecho, don Miguel
Gutiérrez Jiménez; a continuación, don Trinidad de Rojas, don Vicente Toscano y Quesada,
don Manuel Flores Leña y don Joaquín Cañero Espinar.
En el lado izquierdo, junto a don Luis, estaba Juan Valera; a continuación, Marcelino
Menéndez Pelayo, y junto a ellos, los poetas egabrenses que rubricaron el Ultraísmo:
Pedro Iglesias Caballero, Pedro Garfias Zurita y Tomás Luque Moyano.
Indistintamente, a un lado y otro —sin recordar ya bien su lugar exacto—, se repartían
otros muchos poetas egabrenses: José Ruiz Moreno (Thales), Manuel F. Lass de la Vega,
Trinidad de la Iglesia y Varo, Alfonso Santiago Contreras, Lucas Zamarriego, Juan Soca
Cordón, Manuel Ruiz Madueño, Adolfo Velasco Hernández, Rafael Paniego Vélez, Nieves
López Pastor, Antonio Luna Pérez, Ángel Murillo Guerrero, Juan Aranda Roldán, Pedro
Martínez Molina, Manuel Chacón C., Manuel Serrano Porras& y tantos otros, como
aquellos que formaron el grupo poético egabrense Manantial.
—¿Qué le ocurre, joven? ¿Por qué está tan indignado? —me preguntó don Luis Herrera
Robles, con una voz que sonaba a papel antiguo.
No pude evitarlo. Me explayé narrando la soledad de nuestras plazas:
—Cabra tiene los versos, tiene las manos y tiene la historia. Solo nos falta el lugar donde
encontrarnos —contesté—. Resulta paradójico que en la ciudad de las palabras, el silencio
sea el único protagonista de nuestras plazas este Día del Libro. Pasear hoy por Cabra es
asistir a una ausencia programada. Mientras otras ciudades se visten de papel y tinta, aquí
nos conformamos con el eco de lo que pudo ser.
No pedimos grandes despliegues de artificio. Pedimos lo básico: el encuentro.
Una feria del libro es, por definición, un mercado de ideas al aire libre. Es el lugar donde el
lector despistado se tropieza con la moaxaja, donde el joven descubre que Valera no es
solo el nombre de un colegio, sino un vecino que sigue vivo en sus páginas. Al no haber
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