Noviembre 26 - Flipbook - Page 22
Revista cultural año 2026 Núm. 42
Antonio Fernández Álvarez
(Escribidor de sueños)
RELATO
El hombre que presumió de
matar a Lorca
El calor de aquel verano del 36 se pegaba a la piel como una segunda capa densa y pesada.
Yo tenía apenas ocho años y me pasaba el día correteando por el bar de mi padre, entre el
olor a serrín mojado, vino peleón y tabaco de picadura. Mi trabajo consistía en recoger los
vasos vacíos, pasar un trapo húmedo por la madera de las mesas y, sobre todo, no molestar.
«Los niños miran al suelo, oyen y callan», me repetía mi padre a todas horas con un tono
que no admitía réplica.
Por entonces, en Granada la gente hablaba susurrando o gritaba para tapar el miedo.
Aquella mañana, el bar estaba casi vacío, pero en la mesa del rincón, la que quedaba
más resguardada del sol que empezaba a pegar en la fachada, se habían sentado tres
hombres. No eran clientes habituales de los que se tomaban de un trago el vaso de
aguardiente para espabilar el cuerpo y se iban a trabajar. Venían de la calle con el aire
acelerado de quienes mandan sin que nadie se atreva a contestarles. Sobre la mesa dejaron
las gorras y el ambiente de la mesa olía a sudor, a pólvora y a una euforia rara, áspera.
Eran Mariano, Antonio y Juan Luis Trescastro. Yo por entonces no sabía bien
quiénes eran ni me importaba, pero se les notaba en la cara que venían de pasar la noche al
raso. Hablaban con brusquedad, entre risotadas roncamente celebradas y golpes secos en la
madera.
Mi padre, desde detrás del mostrador, no les quitaba ojo. Tenía la cara pálida y secaba
el mismo vaso una y otra vez con un trapo, sin darse cuenta de que ya estaba seco. Cuando
vio que los tres hombres levantaban la mano pidiendo atención, me dio un empujón suave
en el hombro.
4Ve a tomarles nota 4me dijo en un suspiro casi inaudible4. Y no te entretengas.
22