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Revista cultural año 2026 Núm. 42
hombre. Pero con el paso del tiempo ocurrió algo extraordinario: cada vez que abría las
páginas manoseadas del libro que me regaló el maestro Don Julián, lo que encontraba en
los versos no era la sombra de la muerte, sino la vida intacta. Leía a Lorca y veía al hombre
completo, a la luz, a la belleza de esta tierra que nadie pudo amordazar.
Con Trescastro, en cambio, ocurrió todo lo contrario.
Hasta su muerte en 1954, el tipo siguió arrastrando su figura por los mostradores de
los bares de Granada. Pero los años no pasan en vano y la impunidad tiene un aliento muy
corto. Aquella frase con la que en el 36 pretendía exhibir poder y ganar méritos ante los
nuevos dueños de la ciudad, se fue volviendo con los años una carga hedionda. Cada vez
que apretaba el vaso de vino y empezaba a pregonar su hazaña entre la parroquia del bar, la
gente ya no lo miraba con temor, sino con un silencio pesado, lleno de incomodidad y
repulsa.
Ya no daba miedo. Se había convertido en la estampa misma de la derrota moral: un
hombre consumido por el alcohol y las deudas, un testimonio ambulante de la barbarie y la
cobardía que muchos, incluso entre los suyos, preferían no mirar de frente para no recordar
el dolor y el monstruo que habían alimentado.
A diferencia de Ramón Ruiz Alonso 4aquel linotipista y exdiputado que encabezó
la detención en la calle Angulo y que acabó sus días años más tarde en el exilio
estadounidense, en Las Vegas, huyendo de las preguntas y sepultado en el anonimato4,
Trescastro murió aquí, en Granada, y descansa bajo una lápida con nombre y apellidos. Pero
de nada le sirvió el mármol ni el apellido de alcurnia.
Cuando supe de su muerte en aquel invierno del 54, no sentí alegría ni rabia. Solo
una profunda paz. Fui a mi cuarto, saqué de debajo del jergón el viejo Romancero Gitano,
aún envuelto en el trapo de cocina, y lo puse sobre la mesa, a la luz del día, sin miedo a nada
ni a nadie.
Ahí estaba la respuesta a todas las preguntas que me hice desde niño: Trescastro
podía tener su tumba grabada en el cementerio de San José, pero su recuerdo había quedado
reducido a una sombra despreciable; el poeta, en cambio, seguía hablándole al mundo con
la misma voz joven, libre e inmortal que nunca nadie pudo callar.
¿Quién fue Juan Luis Trescastro Medina?
Juan Luis Trescastro Medina (Granada, 18771954) fue abogado y político conservador,
perteneciente a una familia de notable influencia en la
sociedad granadina y, especialmente, en el entorno de
Santa Fe. Siguiendo los pasos de su padre, también
abogado, desarrolló una carrera política que lo llevó a
ocupar distintos cargos públicos, entre ellos el de
concejal de Santa Fe y diputado provincial de
Granada.
Durante la Segunda República se vinculó a
Acción Popular, formación política integrada
posteriormente en la CEDA, y mantuvo una estrecha
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