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Revista cultural año 2026 Núm. 42
relación con Ramón Ruiz Alonso, uno de los principales protagonistas de la detención de
Federico García Lorca.
El 16 de agosto de 1936, Trescastro participó en el dispositivo que acudió a detener
al poeta en la vivienda de la familia Rosales, donde se encontraba refugiado. Según diversas
investigaciones, permaneció en el vehículo por temor a ser reconocido, dada su relación de
parentesco con aquella familia. Otras, en cambio, señalan que aprovechó el parentesco de
su mujer para cruzar el umbral y sentarse a tomar café con la señora de la casa.
Tras el asesinato de Lorca, su nombre quedó asociado a las fanfarronadas con las
que presumía por los bares de Granada de haber participado en su muerte, llegando a
atribuirse el disparo de gracia. Sin embargo, su intervención material en la ejecución del
poeta no ha podido demostrarse de manera concluyente.
Murió en Granada el 17 de febrero de 1954, en su domicilio de la calle Alhamar. Se
llevó consigo muchas respuestas sobre aquellos acontecimientos que nunca llegaron a
esclarecerse por completo.
Esta síntesis se apoya principalmente en la documentación biográfica de Universo
Lorca y en las investigaciones publicadas por El Independiente de Granada.
Nota del autor:
He aprendido algo y te lo voy a contar de una manera que te apetezca leerlo
Este relato nace de hechos y personajes históricos relacionados con Federico García
Lorca y Juan Luis Trescastro.
He querido contar lo que he aprendido sobre aquel personaje de una manera
diferente: no mediante una simple recopilación de datos ni remitiendo al lector a un enlace,
sino construyendo una historia que permita acercarse a aquellos acontecimientos de una
forma más humana y entretenida.
El niño, su padre, la taberna y las situaciones personales que aparecen en el relato
pertenecen a la recreación literaria. Los hechos históricos que sirven de base a la narración
corresponden a la información que he podido conocer sobre aquellos años.
Porque a veces una historia inventada puede ser una buena manera de despertar el
interés por una historia que, esa sí, ocurrió de verdad.
FIN
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