Noviembre 26 - Flipbook - Page 28
Revista cultural año 2026 Núm. 42
halcones para Tamerlán en HarperCollins, 672 páginas, y para mí es una de sus obras más
maduras.
Mi hermano: ¿Y qué historia rescata esta vez?
Yo: Una que es alucinante que tengamos olvidada. Nos la han contado como una nota a pie
de página y en realidad rivaliza con Marco Polo. Te sitúo: Segovia, año 1403. A la corte de
Enrique III de Castilla llega un emisario venido de Oriente con un presente insólito, casi
provocador: tres mujeres de extraordinaria belleza.
La corona no puede quedar por debajo. Tiene que responder con un obsequio de igual o
mayor valor, algo que represente el poder de Castilla. ¿Y qué elige? Tres halcones regios.
Aves adiestradas para la cetrería, que en aquella época eran joyas diplomáticas, valían una
fortuna, eran símbolo de realeza.
Con esa excusa se organiza una de las embajadas más audaces de la Edad Media: llevar esos
tres halcones vivos desde Segovia hasta Samarcanda, la capital de Tamerlán.
Mi hermano: ¿Tamerlán, el conquistador mongol? ¿Por qué iba Castilla a buscarlo tan
lejos?
Yo: Por pura supervivencia y geopolítica. Tienes que entender el contexto que Adalid
reconstruye de forma magistral. En esos años, el sultán otomano Bayaceto I, apodado El
Rayo, estaba arrasando. Había vencido en Kosovo en 1389, sometido Serbia, presionaba
Bulgaria y Hungría y en 1396 había destrozado en Nicópolis a un gran ejército cruzado de
franceses, húngaros y borgoñones. El golpe psicológico en Europa fue tremendo. Bayaceto
tenía Constantinopla rodeada, a punto de caer.
Entonces, ¿qué hace Enrique III? Un movimiento de ajedrez inteligentísimo. Si mi enemigo
es Bayaceto, busco al enemigo de mi enemigo. Y el enemigo de Bayaceto era Tamerlán, el
gran conquistador del Asia Central, que se proclamaba heredero de Gengis Kan y había
impuesto su dominio a sangre y fuego. Castilla quería comprometerlo en una alianza contra
los otomanos. Un puente entre dos mundos.
Mi hermano: Vale, la base histórica es potente. ¿Pero cómo la noveliza? Porque la crónica
de Clavijo existe.
Yo: Y ahí está su maestría. Todos los historiadores conocen la Embajada a Tamerlán de Ruy
González de Clavijo, el cronista madrileño que fue. Es una joya, pero como dice Adalid, es
una joya difícil, escrita en un castellano del XV bellísimo pero poco accesible. Ha sido más
objeto de estudio que de lectura. Nadie la había llevado al imaginario colectivo.
Adalid no la sustituye, la acompaña y le da vida. Y para eso toma una decisión literaria
clave: no nos lo cuenta desde el embajador, desde el político. Nos lo cuenta desde abajo,
desde los ojos de Alvar.
Mi hermano: El aprendiz de halconero.
Yo: Exacto. Alvar es una invención suya, pero es el alma del libro. Un joven aprendiz, el
encargado de custodiar a las tres aves. Imagina la carga: cruzar media parte del mundo
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