Noviembre 26 - Flipbook - Page 30
Revista cultural año 2026 Núm. 42
Los viajeros no se libran de la enfermedad, del miedo, de las intrigas políticas. Pero lo viven
con otra profundidad. Y hay una reflexión muy actual sobre la fe y la violencia. La historia
está llena de esas tensiones. Adalid no justifica, muestra la complejidad. Al final, dice, "la
verdadera batalla siempre es la del corazón".
Para él, y esto lo dice en Ecclesia, la literatura puede ser una forma de misión. No
predicando, sino insinuando. "No propone, sugiere; no impone, insinúa". Abre preguntas,
despierta el deseo de verdad, muestra la belleza de una vida orientada al bien. En un mundo
que no siempre acoge el lenguaje religioso, la novela es un puente.
Mi hermano: ¿Y qué lección se lleva Alvar de todo eso?
Yo: Esa es la clave y por eso es una novela tan contemporánea. Lo que aprende Alvar, y lo
que nos enseña, es a descentrarnos. Lo dice Adalid con una claridad enorme: "Alvar aprende
algo esencial: que no es el centro del mundo. Y eso es una de las conquistas más difíciles
del alma".
El chaval parte con una seguridad, con su talento de halconero, y el viaje lo va despojando.
Descubre su fragilidad, su ignorancia, su necesidad de los otros. Aprende a mirar, a
escuchar, a callar. Y descubre dentro de sí una capacidad de amar y de resistir que no
conocía. El viaje exterior se convierte en viaje interior.
Su fe deja de ser heredada para ser asumida. Comprende, y cito literal: "que creer no es
poseer la verdad como quien guarda un objeto, sino caminar hacia ella con humildad". Esa
frase, "la humildad no debilita, al contrario: fortalece", es el lema del libro.
Mi hermano: Me has vendido la moto, pero sin contarme el final, ¿por qué tengo que leerla?
Yo: Por tres razones, como los tres halcones.
Primero, por memoria. Es rescatar una de las mayores gestas diplomáticas de
Castilla, una hazaña que nos pertenece y que habíamos borrado. Somos un país de
viajeros y no lo sabemos.
Segundo, por el placer literario. Es una inmersión total. Vas a estar en una galera en
medio de una tormenta, vas a oler los mercados de Samarcanda, vas a ver animales
que un castellano del XV no había visto nunca - jirafas, elefantes, manadas de
camellos -, vas a sentir el peso de la capa de Tamerlán.
Y tercero, por lo que te deja dentro. Al final, Adalid no quiere que te quedes con
datos, quiere que te quedes con una intuición sencilla: que la vida es un camino, que
no estamos solos, que cada encuentro forma parte de algo mayor, y que lo que
permanece es el amor, la humildad y la búsqueda sincera de la verdad. Como decía
San Agustín, a quien cita mucho: el corazón está inquieto hasta que descansa.
Tiene dos frases que me llevo marcadas. Una: "Cada ciudad que veas será un espejo.
Algunas te mostrarán lo que dejas, otras, lo que anhelas. Aprende a mirar más allá de los
muros". Y otra: "Viajar es tiempo; llegar es eternidad".
Léela. Vuela con los halcones de Enrique III.
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