Noviembre 26 - Flipbook - Page 34
Revista cultural año 2026 Núm. 42
hemos llegado a descubrir. Puede que la realidad no sea tan distinta de la fantasía como nos
gustaría pensar.
Y no hace falta viajar hasta los confines de la imaginación para encontrar una historia
que alimente esta idea.
En noviembre de 1861, frente a las costas de Tenerife, el buque francés Alecton
protagonizó un encuentro extraordinario. Su tripulación avistó una enorme masa flotando
sobre la superficie del océano. Al acercarse, descubrieron que se trataba de un calamar
gigante, de entre cinco y seis metros de longitud, sin contar sus largos tentáculos.
El capitán Bouyer no tardó en comprender que podía encontrarse ante un hallazgo
científico excepcional. Así que decidió intentar capturar al animal vivo, dando comienzo a
una lucha que se prolongaría durante más de tres horas.
Finalmente, consiguieron sujetarlo con una cuerda provista de un nudo corredizo
alrededor del cuerpo. Sin embargo, el peso del animal era tal que, cuando comenzaron a
izarlo, la cuerda terminó seccionando su cuerpo. La mayor parte de la criatura desapareció
de nuevo bajo las aguas, dejando a la tripulación únicamente con un fragmento de su cola,
de unos catorce kilos de peso, que llegó hasta el puerto de Santa Cruz de Tenerife.
Aquel encuentro contribuyó a alimentar el debate científico sobre la existencia de
los cefalópodos gigantes y a cuestionar la idea de que aquellas criaturas fueran poco más
que invenciones de marineros.
Porque, al fin y al cabo, ¿cuántas cosas habrán permanecido ocultas en las
profundidades durante siglos, esperando a que alguien las descubra?
Quizá por eso me da miedo el océano: porque esconde una belleza que apenas
alcanzamos a comprender, pero también una oscuridad que nos recuerda lo poco que
sabemos sobre el mundo que habitamos.
Y hay una expresión que, aunque no constituye una denominación científica, me
parece especialmente hermosa para evocar a estas criaturas extraordinarias: la «orquídea
negra del océano».
Una imagen poética para describir algo tan extraño como fascinante; una criatura
que parece surgir de las profundidades como una flor oscura, hermosa y enigmática, casi
imposible de encontrar.
Y, aunque no sea un apodo oficial para los cefalópodos gigantes, me parece una
manera preciosa de imaginar aquello que habita en los rincones más desconocidos del mar.
Quizá fue precisamente esa mezcla de belleza, misterio y oscuridad la que me llevó
a elegir la ilustración de este mes: un Kraken cuyos tentáculos se entrelazan y se funden con
una orquídea negra.
Una criatura nacida de las profundidades, a medio camino entre la realidad y la
leyenda.
Algo que, como noviembre, resulta tan inquietante como irresistible.
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