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Revista cultural año 2026 Núm. 42
Miguel Ángel Moral Quero
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DIVULGACIÓN HISTÓRICA
La Historia de la ACEITUNA
Del fruto amargo al aceite que movió IMPERIOS y economías
En el siglo VIII apareció una nueva etapa. Las fuerzas árabes y bereberes cruzaron el
estrecho de Gibraltar y comenzó la formación de una sociedad andalusí bajo dominio
islámico. El cambio político fue enorme, pero también lo fueron las conexiones que se
establecieron entre la península, el norte de África y otros territorios del mundo islámico.
Circularon productos, plantas, conocimientos y técnicas.
En algunas zonas se desarrollaron sistemas complejos de gestión del agua mediante
acequias, norias, albercas y otras infraestructuras adaptadas a las condiciones locales. Pero
aquí también conviene hacer una precisión: no todos los olivares andalusíes dependían del
riego. El olivo siguió cultivándose en secano en muchas áreas. La importancia de las
técnicas hidráulicas estaba, sobre todo, en la capacidad de gestionar mejor el agua allí donde
estaba disponible y combinar distintos cultivos en huertas, vegas y terrenos irrigados.
Y esa época dejó una huella que todavía podemos escuchar cada día. La palabra
«aceite» procede del árabe hispánico az-záyt, mientras que «aceituna» está relacionada con
az-zaytūna. Incluso «acequia» pertenece a ese mismo legado lingüístico. Son palabras que
usamos constantemente sin pensar en su recorrido. Cada vez que decimos «aceite» estamos
utilizando, sin darnos cuenta, una palabra que atravesó siglos de historia.
En ciudades como Córdoba, el aceite formaba parte de la alimentación, la
iluminación, la medicina y el comercio. El olivo no era una especie antigua que simplemente
hubiera sobrevivido a Roma. Era un cultivo plenamente integrado en una sociedad nueva.
Y, como siempre, detrás del producto estaba el trabajo. Había agricultores que
podaban y cuidaban los árboles. Personas que recogían las aceitunas durante la campaña.
Artesanos que fabricaban recipientes. Comerciantes que llevaban el aceite del campo a las
ciudades.
Es importante recordar esto porque resulta fácil convertir al-Ándalus en una imagen
formada únicamente por palacios, patios y acequias. La agricultura que hacía posible aquella
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