Noviembre 26 - Flipbook - Page 7
Revista cultural año 2026 Núm. 42
irreparable: la envidia de García Ordóñez y los celos de Alfonso VI, que apenas dos años
después mandarían a Rodrigo al destierro.
Cabra no fue conquistada aquel otoño de 1079, pero en sus murallas y en el acero de
su memoria quedó grabado para siempre el nacimiento del mayor mito de nuestra historia.
Epílogo. Entre la historia y la leyenda
Lo que acabas de leer nace de un hecho histórico: la batalla de Cabra de 1079, en la
que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, se enfrentó a las fuerzas granadinas en las
que combatían también nobles castellanos, entre ellos García Ordóñez. Aquel
enfrentamiento se produjo en el complejo escenario de las alianzas entre los reinos
musulmanes de la península, los intereses de sus gobernantes y el cobro de las parias, los
tributos que algunos de ellos pagaban a los reyes cristianos.
También es histórico que el Cid capturó a García Ordóñez y que, según la tradición
recogida en las fuentes medievales, lo humilló mesándole la barba. Cabra fue escenario de
aquel episodio, pero no fue conquistada entonces por los cristianos: la localidad permaneció
bajo dominio musulmán hasta el siglo XIII.
Pero hay una parte de este relato que pertenece a otro terreno: el de la imaginación.
No he encontrado un manuscrito de Alvar Fáñez que contenga las palabras que aquí
aparecen, ni pretendo que sus recuerdos, los diálogos, las cartas o los detalles de aquella
noche sean testimonios auténticos. Su voz es un recurso literario con el que he querido
acercar al lector a unos acontecimientos ocurridos hace casi mil años, cuando la historia
todavía se escribía entre el polvo de los caminos, el acero de las espadas y las ambiciones
de los poderosos.
He mezclado, por tanto, hechos históricos con escenas recreadas para dar vida a una
historia que merece ser contada. Porque una cosa es lo que los documentos nos permiten
afirmar y otra lo que la imaginación puede construir a partir de ellos. Confundir ambas sería
engañar al lector; distinguirlas nos permite disfrutar de la narración sin perder de vista la
verdad histórica.
Y si algo me gustaría que quedara después de leer estas páginas es que, cuando
paseemos junto al Castillo de Cabra, no veamos solamente unas piedras antiguas. Pensemos
en los hombres que estuvieron allí, en los conflictos que protagonizaron y en todo lo que
aquellos muros han visto pasar.
Porque la historia no necesita que inventemos sus grandes acontecimientos. A veces,
basta con contarla de otra manera para descubrir que la realidad también tiene mucho de
novela.
FIN
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