Octubre 2025 - Flipbook - Page 27
Revista cultural año 2026 Núm. 41
todas las ediciones consultadas, aunque la frase haya que entenderla como "conocedor de los
seres que componen el mundo invisible", y es también experto en otros estudios de magia,
astrología y alquimia. Más adelante se añade que de sus conocimientos el fraile "revelaba algo
a sus contemporáneos y ocultaba mucho, por considerar que el humano linaje no alcanzaba aún
la madurez y la capacidad convenientes para que pudieran confiársele sin profanación o sin
gravísimo peligro la llave de aquellos temerosos arcanos" (p. 76); algo parecido había señalado
en otra ocasión a propósito de los mahatmas de la India, aunque su actitud ante los
conocimientos mistéricos es también propia de los alquimistas, y en el cuento fantástico de Luis
Valera, que mencionábamos al principio, el tema central está relacionado con el saber
sobrenatural de unos de estos mahatmas. Se insiste en varias ocasiones en la necesidad de
mantener secreta la ciencia de que ha sido depositario: "La doctrina debe permanecer oculta y
sólo transmitirse entre los iniciados por medio de misteriosos símbolos y para el vulgo
indescifrables figuras" (p. 96).
Ni siquiera falta el detalle del libro misterioso en el gabinete del sabio fraile; en su
laboratorio, entre otros objetos extraños, se encuentra un libro manuscrito: la Alegoría de
Merlín, en el que lee un fragmento según el cual un hombre muere y luego resucita lleno de
hermosura y de fuerza. Como se sabe, en la actual literatura fantástica y de terror tiene gran
importancia el libro secreto o misterioso, cuya lectura puede tener consecuencias fatales no sólo
para los que osan leerlo, sino también para todo la humanidad, al evocar fuerzas que el hombre
no puede controlar; tal ocurre con el Necronomicón, fundamental texto de las historias que
forman el ciclo de los mitos de Cthulhu, de Howard Phillips Lovecraft.
Creemos que la Alegoría de Merlín, que menciona Valera, es un libro apócrifo,
inexistente, como suelen ser la mayoría de los que citan los componentes del círculo de
Lovecraft; no obstante, por el estilo sentencioso y breve del fragmento que inserta, se parece un
poco a lo que conocemos de las Prophetiae Merlini, que se atribuyen a Geofrey de Monmouth.
Algunos fragmentos de estas profecías de Merlín, conocido mago del ciclo artúrico, se
encuentran en la Historia regum Britonum y en la Vita Merlini, de mediados del siglo XII, ambas
completas, op. cit., I, p. 718, y en las Obras completas que editó Carmen Valera, la hija del escritor, Madrid,
Imprenta Alemana, 1907, tomo 11, p. 22, se indica visibles. Como se sabe, en la época de composición de la
obra, Valera ha perdido la vista y dicta sus escritos a su secretario Pedro de la Gala; de tal manera que la
corrección que proponemos no sería un error imputable al novelista, sino quizás a su amanuense. Si Valera
hace referencia a esos seres del mundo invisible, creemos que está pensando, sin duda, en el famoso tratado
de monstruos y fantasmas, El ente dilucidado, de fray Antonio de Fuentelapeña, obra con pretensiones
científicas que intenta demostrar, entre otras cosas, que existen seres invisibles. A pesar de que no se trata de
una obra muy divulgada, Valera la conocía perfectamente y se refiere a ella en variadas ocasiones a lo largo
de su producción. Recordemos algunas. Al tratar del poeta romántico, que puede explorar campos más allá de
la ciencia, escribe: "Por allí podrá pasearse, como don Pedro de Portugal por las siete partes del mundo;
conversar con seres nuevos y nunca vistos ni oídos, que se le aparezcan y nazcan de repente por natural virtud
de la tierra o del aire, como los duendes del padre Fuente de la Peña; y estudiar las ciencias ocultas con sabios
y mágicos más prodigiosos que los de Faraón y que el famosísimo Escotillo", "Del Romanticismo en España
y de Espronceda", [1854], Obras completas, op. cit., II, p. 17. En otra ocasión lo cita como ejemplo de
desatinos: "Ahí están, si no, el padre Valdecebro, con su Gobierno moral y político de los animales; el padre
Fuente de la Peña, con su Ente dilucidado; el padre Boneta, con sus Gracias de la gracia, y quién sabe cuántos
más que sería prolijo ir enumerando. Bastan los tres citados para encontrar en ellos más desatinos que han
podido decir todos los periódicos del mundo desde que en el mundo se escriben y se publican periódicos",
"Reflexiones críticas sobre los discursos de Cañete y Segovia", ibid., p. 139. Diversas menciones se encuentran
en el Nuevo arte de escribir novelas, y en ellas da testimonio de que se trata de un libro que el autor ha leído
con detenimiento: "Si me dijeran que no saben ni lo que es materia, ni lo que es espíritu; que los linderos y
señales entre lo natural y sobrenatural están aún por poner; que ignoran si hay silfos, ondinas y duendes, o si
no los hay; que no se atreven a resolver si los padres Sinistrari y Fuente La Peña o no la tenían [...] yo me vería
apurado para hacerles salir de sus dudas", Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas, [1886-1887], ibid.,
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