Octubre 2025 - Flipbook - Page 28
Revista cultural año 2026 Núm. 41
consideradas obra del mencionado Geofrey de Monmouth, que hace algún tiempo fueron
traducidas al español34.
La composición del elixir que devolverá la juventud a Miguel es un modelo de texto
fantástico, compuesto por nepentes, cannabis indicus, soma, hongo de Siberia y zumo de
mandrágoras, al igual que el sortilegio que recita, "una corta serie de palabras y frases, al parecer
en un lenguaje exótico y punto menos que inaudito" (p. 109). El tal lenguaje es nada menos que
el "idioma primitivo [de] Ur" y la teoría lingüística que sustenta el efecto mágico de la oración
o fórmula es sumamente curiosa; las palabras en ella, escribe Valera, "no son signos arbitrarios,
sino que tienen relación íntima y sustancial con los objetos que expresan o designan. De aquí el
alboroto, la agitación y el tumulto de todas las cosas creadas cuando tales palabras se
pronuncian" (p. 110). El novelista recoge la antigua teoría, que ya expuso Platón en el Cratilo,
según la cual existen palabras motivadas por naturaleza y que, tras una larga tradición de
cabalistas que intentan encontrar el nombre secreto de Dios y que da origen a la leyenda del
Golem, se encuentra también en algún poema de Jorge Luis Borges, especialmente en el que
empieza diciendo:
Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo"35.
El resultado de todo esto es que Miguel de Zuheros bebe un líquido que destila el
alambique de su amigo, "una quintaesencia de la piedra filosofal", que cae "como herido por el
rayo" (p. 112) y adquiere una rigidez más que cadavérica. El féretro servirá de cama para este
soñador de aventuras que se narran en la parte siguiente y que lo llevarán hasta la India, en busca
de Urbasi, el eterno ideal femenino, antes de morir en el mar en un accidente en el que está
mezclada donna Olimpia: los ritos de paso y la iniciación mistérica contribuyen a dar un aire
igualmente fantástico a esta parte del relato.
Más elementos fantásticos son susceptibles de comentario en la última novela de Valera,
pero vamos a señalar, por último, un rasgo de carácter sociológico no ajeno a la tendencia que
venimos tratando. El novelista dice en el prólogo:
Para distraer mis penas egoístas al considerarme tan viejo y tan quebrantado de salud, y
mis penas al considerar a España tan abatida, he soltado el freno a la imaginación (p.
63).
La novela, aunque anterior en su gestación al desastre del 98, ofrece un detalle que suele
darse en otras situaciones propicias a la aparición del arte fantástico: cuando la realidad es tan
dura que amenaza con hacerse insoportable, el hombre vuelve sus ojos y su imaginación hacia
la fantasía, hacia el terror; pensemos, por ejemplo, que tras el crack de Nueva York, la caída de
p. 649. La referencia más extensa, casi un análisis de diversos aspectos de El ente dilucidado, se localiza en
los comentarios que Valera hace al tomo de la BAE, Obras escogidas de filósofos, preparado por Adolfo de
Castro; el artículo se titula "De la Filosofía española", [1873], ibid., pp. 1576-1579. En conclusión, nos parece
que la palabra adecuada, tanto por coherencia con el contexto, como por la posible referencia a la obra de fray
Antonio de Fuentelapeña, debe ser invisibles. Sobre este escritor, cfr. ahora Antonio Cruz Casado,