Octubre 2025 - Flipbook - Page 30
Revista cultural año 2026 Núm. 41
perfectas que nosotros, en tanto que manifiesta también una percepción sensorial especial en
determinados seres que los hace, según indica, "capaces de ver otras formas más etéreas y vagas"
(p. 273).
Yo me inclinaba a creer 3afirma3 que había seres vivos e inteligentes, de condición
superior a la nuestra y de tan sutil y etérea substancia formados, que se escapaban a la
investigación de nuestros sentidos" (p. 272).
Entre esas formas fantásticas aparece un hombre, un mago poderoso, que desencadena
los sucesos al llevársela a su mundo particular.
Otro personaje, Zoe, intenta aclarar su desaparición y recurre a elementos mágicos:
fue a consultar a una hechicera de Tasalia [sic, por Tesalia, tradicional tierra de
hechiceras], que gozaba entonces de alta fama en Egipto, que veía a largas distancias y
al través de espesísimos muros, que adivinaba los pensamientos ocultos de los hombres,
que domaba culebras, que componía filtros, pociones y linimentos para infundir sueños,
durante los cuales solían descubrirse casos recónditos. También fue a visitar Zoe,
cuando se inclinaba a creer que había sido alguien venido del reino de los muertos quien
había robado a Elisa, a hombres iniciados en antiguos misterios, que tenían fama y se
jactaban de evocar los manes (p. 283).
La prosa de Valera adquiere en muchas ocasiones rasgos que nos recuerdan a Bécquer,
especialmente al ambiente de misterios de las leyendas, lo que es algo propio del fondo
romántico que creemos percibir en muchas de sus obras, tal como indicábamos al principio 40;
algo de esto puede verse en el siguiente fragmento:
en el antro misterioso de una vieja hechicera se hizo frotar con una unción mágica y
voló o creyó volar al sitio en que los genios y las ninfas tienen juntas y celebran fiestas,
y tejen danzas a la luz de la luna en el seno de los bosques, en la encantada orilla de los
lagos o en la alta cima de los montes que las nubes ennegrecen y coronan", (p. 284).
Y en él de nuevo la hesitasion de carácter fantástico, "voló o creyó volar".
También la duda aparece en los pensamientos de Dióscoro, ante la desaparición de Elisa,
a la que supone raptada por un genio:
No consistía el escepticismo de Dióscoro en negar cosa alguna, sino ponerlas todas en
duda. Así es que en sus cavilaciones y conjeturas adoptaba y rechazaba alternativamente
multitud de hipótesis para explicarse algo de lo ocurrido. También él creía probable que más
allá del mundo conocido de los griegos y de los romanos [la acción de la obra se sitúa en el siglo
III después de Cristo] pudiera haber otras regiones incógnitas donde viviesen seres semejantes
al hombre, pero tal vez de más refinada cultura, de superiores facultades y poseyendo medios
de acción, para los hombres del mundo greco-latino completamente ocultos" (pp. 290-291).
La novela, que trataría de la conquista de Persia por Alejandro Severo, en los tiempos
de Artajerjes, con un fondo de cristianismo y con cierta recurrencia a las doctrinas del Zend
Avesta, tendría también diversos elementos exotéricos, afines a los que aparecen en Morsamor.
Así el archimago dice:
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Para el tema, cfr. Russell P. Sebold, Bécquer en sus narraciones fantásticas, Madrid, Taurus, 1989.
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