Octubre 2025 - Flipbook - Page 38
Revista cultural año 2026 Núm. 41
Javier miró sus manos limpias y luego las manos callosas y maltratadas de Julián.
La magnitud del sacrificio de David le golpeó como un rayo. David no solo le había dado
el dinero; le había dado su honra, su techo y había permitido una injusticia atroz contra un
tercero con tal de mantener a su hermano a salvo.
4Hicisteis un trato, sí 4sentenció Julián4. Pero él está pagando los intereses con
su propia sangre. Disfruta del vino, "campeón". Cada trago que das, es una lágrima de David
en su choza.
Julián se dio la vuelta y salió a la noche. Javier se quedó solo, rodeado de lujos, pero
sintiéndose más miserable que el mendigo que dormía en la puerta de la taberna.
Tras el encuentro en la taberna, Javier no pudo volver a dormir. El nombre de
"David" le quemaba en la boca. Movió sus hilos, contactó con viejos conocidos de la
provincia y la noticia llegó como un mazo: su hermano había muerto meses atrás en el huerto
de Manuel. Había muerto como un paria, pero con la dignidad intacta de quien cumple un
pacto hasta las últimas consecuencias.
Javier comprendió entonces que no podía devolverle la vida a David, pero sí podía
devolverle la honra a Julián, el hombre que pagó con su espalda los pecados de los Mendieta.
Semanas después, Julián recibió una visita en su humilde cuartucho del puerto. No
era la policía, sino un abogado de modales finos que decía representar a una "fundación de
beneficencia para represaliados del azar".
4Señor Julián 4dijo el hombre, extendiendo unos documentos4, se ha abierto una
vacante de guarda mayor en una fábrica de turrones en el Levante. Es un puesto de
confianza. Incluye un sueldo digno, uniforme y, lo más importante, una casa de piedra con
jardín para usted y su mujer.
Julián miró los papeles con desconfianza. 4¿Por qué yo? Nadie regala nada en este
mundo, y menos a alguien con mi historial.
4Digamos que alguien ha dado fe de su honradez. Alguien que sabe que usted es
un hombre de palabra que ha sufrido injustamente. El puesto es suyo si acepta empezar
mañana.
Julián aceptó. Mientras se mudaba a la casa de la fábrica, rodeado del aroma dulce
de la almendra y la miel, no pudo evitar pensar en aquella noche en la taberna. Sabía, con
la intuición de quien ha pasado mucha hambre, que aquel "David" de traje de lino estaba
detrás de todo.
No hubo cartas de agradecimiento ni reencuentros. Javier se aseguró de que así fuera.
Prefería que Julián le odiara un poco menos desde la comodidad de un hogar propio, que
verle a la cara y recordar que él era el motivo de todas sus desgracias.
En el pueblo, donde antes estaba la vieja bolera de tierra, ahora se alza un moderno
pabellón deportivo cubierto. Sin embargo, cada año, el día de la desaparición de David, el
pabellón amanece reservado.
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