Octubre 2025 - Flipbook - Page 78
Revista cultural año 2026 Núm. 41
Francisco Salamanca Moreno
NUESTRAS LEYENDAS
LA CRUZ DE LA NAVA DEL ABAD
La Leyenda
Reinaba, a la sazón, el Señor Rey don Alfonso, el Onceno.
Sobresalía en la corte de aquel monarca, un nobilísimo galán de muy arrogantes
prendas personales y de irresistibles atractivos para las hermosas cortesanas.
Más de algún disgustillo hubo de acarrear el protagonista de esta leyenda al Rey, su
Señor, con la interminable serie de aventuras que llevó a cabo, no sin escandalizar a la crema
palaciega, hasta el punto de merecer repetidas amonestaciones de S.M. y varios destierros,
si bien arto breves y cómodos para un joven tan bien templado, tan rico y tan ganoso de
experimentar emociones.
Tal era a los veinticinco años don Rodrigo Mendoza de Almaraz.
A tal extremo llegó su osadía, en cierta ocasión, que el Rey se vio precisado a
desterrarle para siempre, enviándole a la ciudadela de Cabra, patria de aquel denodado
amador y pendenciero, y prohibiéndole, rigurosamente, el traspasar los límites de la pequeña
población. Y conste que esto hizo el Señor don Alfonso muy contra su voluntad, pues
profesaba gran cariño al de Mendoza y se dolía, casi con lágrimas, ante los más altos
prohombres, en la conducta de su amado súbdito.
Antes de pasar más adelante, querrá saber el que leyere la causa originadora de la
expulsión de don Rodrigo, y buena será, ya que está en nuestra mano, satisfacer tan natural
deseo.
Era Jueves Santo. Los Reyes acompañados de su espléndida comitiva, salían del
templo, ya terminados los divinos oficios, produciendo la curiosa admiración de las gentes.
Cerca de las reales personas, y radiantes de hermosura y riqueza, marchaban doña Leonor
de Guzmán y doña Doringa Bermúdez de Silva, más joven y más bella que su acompañante
y verdadero encanto de infinitos corazones. Abandonó su puesto don Rodrigo, que no era,
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