Octubre 2025 - Flipbook - Page 80
Revista cultural año 2026 Núm. 41
Existía un pequeño monasterio, a una media legua, más bien larga que corta, de la
ciudadela de Cabra; el cual monasterio, por estar enclavado en sitio muy sombrío y por ser
el camino que a él conducía nada transitable, rara vez era visitado, aún por los más
fervorosos penitentes. Se llamaba aquel lugar La Nava, y existe al norte de la hoy ciudad, a
espaldas del cerro denominado La Atalaya.
En la tarde del 2 de noviembre, un hombre, ya anciano y de miserable aspecto,
caminaba en dirección al indicado sitio, tal vez con el propósito de visitar el monasterio 3
Ni lo crudo de la temperatura, ni los densos y negruzcos nubarrones, que en el cielo se
amontonaban, hacían retroceder al agobiado caminante.Cuando próximo se hallaba a la meseta que forma el camino en el límite de la
empinada cuesta, estalló un formidable aguacero; sucediéndose espantosos relámpagos,
areció el vendaval, destrozando los árboles; horrísonos truenos hacían retemblar los montes
y las cavernas; la furia de los elementos, desencadenándose, parecía iniciar el fin del mundo;
el cielo y la tierra, en una palabra inspiraban horror.
No tanto sorprendió a nuestro caminante el espectáculo que ofrecía la naturaleza,
como hubo de sorprenderle, de un modo indescriptible, la total ruina a que había quedado
reducido el sombrío monasterio de la Nava.- Un terrible relámpago iluminó el espacio
durante algunos segundos; tiempo suficiente para que el absorto anciano viera con siniestra
claridad el cuadro que se ofrecía a sus ojos.- Ya iba a retroceder, presa de la mayor
consternación, cuando un gemido de espantosa agonía le hirió el alma, reteniéndole allí,
cual si enclavado estuviera.
Y en esto la voz le dijo:
-¡No huyas, piadoso viajero; acércate a un desgraciado; acércate por caridad, en el
nombre de Dios!...
La voz salía de entre las ruinas.
-Yo soy 3volvió a oír el viejo- el único religioso que sobrevive, entre estos sagrados
escombros. Yo fui el último Abad de esta Comunión. Antes de serlo me conocía el mundo
por don Rodrigo Mendoza de Almaraz&
-¡Tú!... ¡Horrible encuentro!... ¡Tú el raptor de Sol del Valle!... ¡De mi Sol del alma!
¿Dónde, dónde estás?... ¡Quiero gozarme en tu bárbara agonía!
Esto diciendo, el anciano parecía la encarnación de Satanás. 3Logró asir por el cuello
al monje; pero escudándose tras la cruz, a cuyo pie se hallaba postrado, dijo con voz
esforzadísima:
-¡Bajo mis plantas, bajo la piedra que a este cruz sostiene, duerme Sol del Valle!...
¡Murió digna de ti!... ¡Murió al escuchar de mis labios la primera impureza! ¡Yo he espiado
mis culpas& perdón, perdón!& Pocos instantes después, el Abad moría.
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