Septiembre 2026 - Flipbook - Page 18
Revista cultural año 2026 Núm. 40
no se le ha hallado jamás
suelo, si acaso lo tiene.
Andrés: Es escabrosa espelunca.
Celima: Es el lugar de la muerte.
Plegue a Alá que tu sepulcro
sea, si acaso rompieres
la palabra que me has dado (f. 37 v.)
Andrés monologa acerca de su situación, escondido en la sierra, así como de la
incertidumbre que le produce la actitud de Celima, antes de oír la voz del ángel que le indica
el lugar en el que se oculta la imagen de la Virgen. Dice así:
Sierra hermosa, abrigo mío,
que mi cautiverio amparas
tantos días, donde pongo
en María mi esperanza.
Una cueva me sepulta,
obscura tanto, como agria;
de ella salgo algunas veces,
de que doy a Dios las gracias.
Celima, que a visitarme
algunas veces se alarga
a subir hasta este sitio,
con motivo de la caza,
tarda ya. Pero yo estoy
con algún temor, ¿si falta
a su palabra? Lo dudo.
¿Podrá ser? Es mahometana,
y ella le dirá a su padre
dónde estoy, ¡cruel venganza!
Pero si a María tengo,
ningún temor me acobarda.
Muchas veces cuando el sueño
rinde la flaqueza humana,
en sus fantasmas nocturnas
se me representan varias
especies, de que un tesoro
en una cueva se guarda.
Ficción será de la idea;
el corazón se acobarda (ff. 49 v. 3 50 r.)
El ángel narra con cierto detalle el origen de la imagen que se guarda en la sierra, en
estos términos:
El tesoro que se esconde
de María en estos cerros
estas maravillas obra
por incógnitos decretos.
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