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Revista cultural año 2026 Núm. 40
de María, a cuyos ecos
vencerás muchas batallas,
que es el clarín que asusta al agareno.
Rey Fernando, no descuides,
que este es precepto supremo:
que el rey no ha de estar dormido
cuando es preciso que vele y esté atento (ff. 70 r.-v.)
Quizás el momento cumbre de la comedia sea el descubrimiento de la imagen de la
Virgen, hecho que tiene lugar en la propia escena, no mediante la narración de lo que ha
ocurrido fuera, como suele suceder en otras ocasiones. Tras la conversión de Celima al
cristianismo, se oye una música dentro de la cueva en la que ambos están ocultos, y una voz
canta:
Salve, divina Aurora;
salve, madre del Verbo;
salve, reina divina;
salve, refugio excelso,
consuelo de afligidos,
salud de los enfermos,
milagroso tesoro,
oculto tanto tiempo.
Andrés:
Por aquella peña abierta
salen gloriosos reflejos,
y las sonorosas voces
por su abertura se oyeron.
Celima, ayuda constante
y las piedras apartemos;
este tesoro divino
los dos le descubriremos.
Celima:
Pues, Andrés, te ayudaré,
y este prodigio indaguemos.
Van apartando piedras de la boca de la otra cueva, y en lo último de ella
se verá a Nuestra Señora de la Sierra y el Ángel de la Guarda) (f. 77 r.-v.)
No falta tampoco la intervención de la figura del donaire o gracioso, como es de
rigor en las comedias que se escriben según la fórmula de Lope. Aquí el gracioso se llama
Martín, es un soldado cobarde y alguna de sus intervenciones ante el rey tiene cierta gracia,
como cuando se niega a ir como embajador ante los moros:
Y si me parten los moros,
porque en la mazmorra estaba
y me cogen, ¡Jesús mío!,
más que al instante me empalan,
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