Septiembre 2026 - Flipbook - Page 64
Revista cultural año 2026 Núm. 40
seca que mi madre, armada con un implacable estropajo de esparto, nos arrancaba cada
noche casi a tiras, llevándose con ella hasta la piel.
Tras la batalla del día, caía la tarde. Veo a aquel anciano sentado en la graílla,
buscando la corriente del portal entre el aroma de los nardos y la percusión de los grillos.
Mientras, la vida cotidiana pasaba de boca en boca en las noches ardientes del verano. Todo
era una acuarela, una melodía que se grababa a fuego en mi espíritu; todo aquello que juré
que nunca podría olvidar. Atrás quedó imaginar el porvenir entre canicas y partidas a la
machiva, o el eco de mi nombre lanzado a los cuatro vientos desde la ventana por mi madre.
Aquel era mi sueño, pero lo perdí en la maraña del tiempo, en un suspiro. Ahora, un
nuevo soplo de viento vuelve a hinchar las velas, pero esta vez, las de mi realidad. La vigilia
me ha desterrado de aquel paraíso y, al abrir los ojos, encuentro que todo en esta habitación
está en su sitio. Hoy tengo más posesiones, es cierto, pero me falta lo que fui; por eso siento
que el mundo está del revés. Solo tengo ganas de salir corriendo. Tengo un recuerdo, una
historia, un cuento que contar antes de que deje de soplar el viento y el olvido me gane la
partida.
Ya me he perdonado lo que hice mal y lo que descuidé. Me he sacudido el lastre de
los desengaños; ahora solo quiero respirar, ser fiel a lo que aquel chiquillo imaginó. No
quiero traicionarlo. Ese niño sigue habitando en mí y, de algún modo, continúa soñando.
Pero ¿por qué no regresa a mí aquel sorbo de libertad? Sin darme cuenta se fue, se
evaporó. Cuánto echo de menos aquellas manos cosiéndome un jirón en la ropa, el peine de
sus dedos alisando mis remolinos... Por más que lo desee, aquello ya es inalcanzable. La
vida es un suspiro que se escapa, los años pasan y no vuelven; aunque a veces, solo a veces,
cuando cerramos los ojos en la oscuridad, la vida se detiene.
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