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Revista cultural año 2026 Núm. 40
Luis Ángel Ruiz Herrero
Artículo de opinión
divulgación cultural
LAO TSE. LECTURAS, PENSAMIENTOS
Y DIGRESIONES EN UNA IGLESIA
A menudo entro en una iglesia y observo. Contemplo la hechura del templo, las
imágenes, las tallas, las caras de los feligreses& A veces la iglesia, sobre todo sábados y
domingos, está repleta. Siempre acabo reflexionando sobre el hecho que se presenta ante
mí, este tema que ha acompañado al ser humano desde su mismo origen cultural,
entendiendo este como el momento en el que toma consciencia de sí mismo y, en
consecuencia, de su existencia. Porque antes de este momento, que tal vez duró milenios y
no en todos los lugares al mismo tiempo, era un animal más y, por lo tanto, tan sólo vivía.
A partir de ese momento comenzó a existir.
Existir es muchísimo más que vivir. Es preguntarse, es tomar consciencia,
desarrollar mecanismos psicológicos de seguridad y respuestas, dudar, descubrir la
finitud&, es despertar a lo trascendente. Quizás entonces intuyera -o más bien necesitaraalgo que le explicara el qué, el quién, el porqué y el para qué. ¿La filosofía? ¿El
conocimiento? ¿La religión? ¿Todo ello junto? Estoy en la iglesia.
Desde nuestra visión occidental y monoteísta, tendemos a definir la religión desde
la fe, mas, sin embargo, en otros espacios culturales -quizás debiéramos llamar
civilizaciones- no resolvieron el problema de la misma manera, y aunque no exista la fe
como tal, desarrollaron unas creencias y unas explicaciones que no coinciden en su totalidad
con nuestra área cultural o civilización. La fe engloba las creencias, pero no al contrario&
Ceguera o luz, he aquí la cuestión.
En un momento del oficio al que asisto en la iglesia -léase misa- se dice el Credo.
Esta palabra es de la familia de creencia, pero sin embargo al convertirla en rezo y profesión
de fe, comienza a nublarse la luz para dar entrada a la oscuridad, que está siempre al lado
de la ceguera. Y no hablo precisamente de la fisiológica. Estamos ante el dogma. Se dice
una verdad porque sí. Palabra de Dios. Y no hay más que hablar. Lo contrario, en un Estado
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