Septiembre 2026 - Flipbook - Page 72
Revista cultural año 2026 Núm. 40
donde no se separa lo civil y lo religioso, aparece la excomunión, el margen, lo equivocado,
lo maldito, incluso lo perseguido. Cuando afirmaciones que se desgranan en la boca de los
fieles se convierten en incuestionables entra el dogma y a las creencias y a la fe se les apaga
la luz, la luz del razonamiento, del cuestionamiento, naciendo en una parte de nuestro pensar
una estructura rígida, de la que no se duda y se acepta sencillamente porque sí. Palabra de
Dios. Razón y fe, esa es la cuestión. Averroes, desde su visión islámica, ya en la Edad
Media, abrió algunas ventanas.
Pero volvamos al origen de este escrito y al interés que en él pongo. Partiendo de la
premisa de esa necesidad que el ser humano ha experimentado como especie, sin que esto
signifique incluir a todos los individuos, de creer en algo trascendental y superior que aporte
sentido y esperanza a su transitar por la existencia, me atrevo a decir que una vida sin
consciencia es tan sólo vida, biología. En consecuencia, solo una vida con consciencia es
existencia. Lo aclaro porque haber personas sin consciencia, haylas. Y a veces no pocas. El
ser humano para tal circunstancia de consciencia tiene que hacer uso de sus facultades que
le vienen de serie y debe desarrollar con la educación. Este es otro tema para otro artículo.
Una de esas facultades es la imaginación y a ella me acojo para viajar a China y
explorar, ayudado por mis lecturas, visionado de reportajes, películas y videos de osos
panda& Me adentro en un espacio totalmente agreste y natural donde casi se esconde un
templo taoísta y escucho con mis ojos lo que leo o leo con mis oídos lo que veo. Ah,
escuchar, escuchar. Dicen que China es más sabia que Occidente porque sencillamente se
escucha. Primero silencio& Quien no escucha no aprende, es un verso suelto que vibra en
el ambiente, como el oxígeno en el aire. Templo y naturaleza. Autenticidad. Todos los
asistentes están sentados en posición de loto menos yo, que no estoy habituado y mi cuerpo
no me lo permite. Me siento en el suelo. Escucho. Silencio. No hay pregones ni púlpitos.
Saco mi libro de Lao Tse,