Septiembre 2026 - Flipbook - Page 79
Revista cultural año 2026 Núm. 40
y en sus manos peregrinas
iba la Madre esperada.
No traía oro ni plata,
ni riquezas humanas,
traía el mayor tesoro
que Dios concede a las almas.
Cuando la sombra del tiempo
cubrió la tierra cristiana,
y el rumor de las espadas
retumbó por las montañas,
el buen obispo Arcesindo,
con prudencia consagrada,
ocultó la imagen santa
en una cueva callada.
La escondió para salvarla
de la furia desatada,
y la Sierra fue su templo,
su refugio y su morada.
Las peñas fueron altar,
las estrellas, luminarias,
y los ángeles velaban
la sagrada soberana.
Pasaron años y siglos,
pasó la noche alargada,
hasta que un humilde cautivo
buscó entre riscos su patria.
Huyendo de la cadena
que aprisionaba su espalda,
subió llorando a la Sierra
con el alma desgarrada.
Y allí, entre piedra y silencio,
entre romero y retama,
descubrió una luz divina
que al corazón abrazaba.
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